Revelan caso de transmisión de VIH entre mujeres

El Centro para el Control de Enfermedades (en sus siglas en inglés, CDC), dependiente del gobierno de Estados Unidos publicó un caso de transmisión del virus de HIV entre mujeres. No es el único caso que existe de contagio, pero si el más documentado, lo que seguramente abrirá la puerta a nuevas investigaciones.

El Centro fue el responsable de informar el 5 de junio de 1981 sobre la existencia del primer caso de SIDA en el mundo. Esta vez, reveló el de una pareja de mujeres, confirmado porque el virus con el que ha infectado una de ellas es genéticamente un 98% similar al de su pareja, que sí estaba infectada.

De 46 años y de Texas, Estados Unidos, la paciente infectada adquirió el virus durante los seis meses de relación que mantuvo con una mujer seropositiva de 43 años.

Los casos de contagio de sida entre mujeres son raros, pero existen. Es posible transmitir el VIH a través de los fluidos vaginales y la sangre menstrual, ya que éstos pueden contener el virus. La exposición de estos fluidos a través de membranas mucosas, como la vagina o la boca, pueden contagiar la infección. El virus también puede contagiarse si estos fluidos penetran a través de cortes y membranas mucosas.

La clave en este caso es que se sabe cómo mantuvo relaciones la pareja: sin protección, emplearon juguetes sexuales y mantuvieron relaciones durante la menstruación. “En este caso, la pareja (una infectada y la otra no) tenía a diario contacto sexual directo, sin usar protección. Esto involucró el intercambio de sangre a través de abrasiones recibidas durante la actividad sexual”, detalla el reporte del CDC.

En otra investigación más amplia, realizada para documentar el contacto sexual en WSW, se encuestó a 960 mil mujeres donantes de sangre; 144 dieron positivo para la infección por VIH y 106 fueron entrevistadas. De éstas, 102 eran heterosexuales, tres tenían antecedentes de relaciones sexuales con hombres y mujeres y ninguna tenía el contacto sexual de mujer a mujer como única conducta de riesgo.

Fuente: La Nación

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Nací con VIH y aprendí a convivir con el virus

“Me enteré de que había nacido con VIH a los doce o trece años.

Yo intuía que algo no estaba bien conmigo. Años y años, los de mi corta vida, tomando remedios de todo tipo, unos jarabes de un gusto espantoso que mi mamá acompañaba con postrecitos o con un poco de dulce de leche para que pudiera tragarlos. Igual, me quemaban el estómago. Los tomaba porque ella me los daba, sin saber para qué eran. Cuando le preguntaba, me contestaba: “es para que te cures los ojitos ”, porque yo tenía estrabismo. También quería saber cuándo iba a dejar de tomarlos. Y para eso, mi mamá no tenía respuesta.

Por esa época, me internaron por una migraña muy aguda, insoportable. A mi familia y a mí nos rondaba, sin decirlo, el temor de que fuera cáncer.

Antes de ésta, había pasado por muchísimas internaciones; tantas que el Hospital Fernández era mi segunda casa. Sufría de neumonía varias veces al año, de varicela infecciosa; se me llenaba el cuerpo de unos hongos extraños . Vivía con las defensas muy bajas, nunca sentía ganas de comer, a veces, ni de jugar. Mi familia me insistía: “Flaquita, comé algo”. Recibía demasiada medicación para que el estómago pequeño de la niña que yo era pudiera tolerarla bien.

Cuando salí de esa última internación, una tarde, en casa, mi mamá se puso seria: “Hija, tenemos que hablar ”. Yo pensé qué cagada me habría mandado. Pero ella empezó a dar vueltas, parecía arrepentida de haberse animado. Entonces, insistí hasta que me lo confesó: “ Tenés VIH ”. Se hizo un silencio. Mi cabeza hizo un click y todo empezó a tener sentido: con razón tantos remedios, con razón me atienden en infectología , con razón me miman y me cuidan tanto. En ese momento también pensé que me iba a morir. Era lo lógico: si tenía VIH, me iba a morir. Además, pensé “ ¿Qué onda?

Tomo toda esta medicación y me pasa esto. Quiere decir que me voy a morir”.

Después me fui enterando de cómo había ocurrido. El parto de mi hermano mayor tuvo muchas complicaciones. A mamá se le originó una peritonitis por la cual tuvieron que operarla de urgencia. La trasfundieron con sangre infectada en el Hospital Vecinal de Lanús. Era el año 1986 y del SIDA se sabía muy poco.

Cuatro años más tarde, mi mamá quedó embarazada de mí. Fue a hacerse los controles de rutina, pero al retirar los análisis, los empleados la miraban, ponían un sello en sus papeles y la mandaban a otro consultorio. Así llegó al lugar más escondido del hospital, en el subsuelo, que es donde por lo general ubican infectología. Le dijeron que tenía SIDA (por entonces se decía así a la infección, no VIH) y le aconsejaron no seguir con el embarazo porque el diagnóstico le daba de seis meses a un año de vida . Pero algo le decía que debía arriesgarse. Además, siempre contó con el apoyo de toda la familia, que es grande y está muy unida.

Nací en el Hospital Sardá, pero inmediatamente después de mi nacimiento nos empezamos a atender en el Fernández, y allí seguimos las dos, donde siempre nos trataron de maravilla . En especial las enfermeras y el jefe de Pediatría, que me regalaba peluches.

Nuestra enfermedad se mantuvo en secreto. Hacía poco tiempo que se conocía y existían toda clase de prejuicios en torno a ella. En algún momento se pensó en la posibilidad de hacerle un juicio al hospital de Lanús, pero eso hubiera significado que lo que nos pasaba a mi mamá y a mí se supiera. Entonces, la familia decidió ocultarlo . Para que en la escuela tampoco se supiera, mi mamá me hacía tomar la medicación antes y después de ir, y cuando fui más grande, yo lo hacía por mi cuenta en los horarios que ella me decía.

Desde el momento en que supe lo que tenía, no pude aguantar la necesidad de contarlo. Mi mamá me advirtió: “No se lo digas a NADIE”. Ahí me empecé a rebelar: “¿Y por qué?”. “Porque la gente t e va a tratar mal, te va a mirar ma l, porque no saben de qué se trata. Es mejor que no lo sepan”, me contestaba.

Obedecí hasta que me picó la rebeldía de la adolescencia. Conocía a Florencia, mi mejor amiga, desde cuarto grado, ¿cómo no iba a compartirlo con ella? Necesitaba su apoyo, que me dijera algo.

A los 14, se lo conté . Era la primera vez que lo decía y no sabía cómo hacerlo porque no hay ningún libro que te dé la receta. Lo largué como me salió: “tengo VIH y por eso tomo tantas gomas” (unas cápsulas muy grandes que parecen de goma). Ella se largó a llorar y yo también.

-Bueno, Negra –me dijo. Va a estar todo bien.

-Pero mirá que me voy a morir .

-Si tomás la medicación, no.

Ese era el punto, la medicación. A los 15, me rebelé completamente y decidí dejar de tomarla. Estaba harta. En mi casa no lo sabían, yo hacía como que la tomaba, pero la escondía.

Tiempo atrás había empezado a tratarme con un psicólogo del Hospital Fernández. El me invitó a participar en una terapia de adolescentes con VIH, en la Fundación Huésped.

Me negué: no tenía ganas de conocer a nadie que me hablara del tema. Mi mamá insistió, se ofreció a llevarme y esperarme. Así empecé a participar a regañadientes, sin ningún entusiasmo. Enseguida me di cuenta de que ese era mi grupo de pertenencia.

Gracias al grupo retomé la medicación, tampoco me quedaba otra porque había quemado muchos esquemas . Cuando tomás un tratamiento y falla y hay que probar otro, eso quiere decir que quemás esquemas: las distintas combinaciones que se hacen de los anti retrovirales. Si dejás de tomarlos, el virus se hace fuerte, se vuelve “inteligente” .

En ese momento, y como consecuencia de haber dejado los remedios, me quedaban sólo dos esquemas. Estaba en una situación complicada. Con el primero, los efectos secundarios fueron terribles: ganas de vomitar todo el tiempo, acidez, desgano , pasarme días en casa porque no tenía fuerzas para salir. La medicación era tan fuerte que me revolucionó todo el organismo. No resultó.

Decidieron probar con otra. Unas inyecciones terriblemente dolorosas que mi mamá me aplicaba dos veces por día en los brazos, la panza o en las piernas. Tenía esas partes del cuerpo destrozadas . A veces iba al colegio rengueando y me preguntaban por qué y yo les contestaba que era por jugar al handball.

Fuera del grupo de terapia, el secreto se amplió a un par de amigas, no muchas más. Compartíamos un secreto muy grande que, de alguna manera, nos hacía sentir importantes. Con Florencia, descubrimos juntas el hip hop.

“Esto es lo mío”, me dije. Durante dos años, íbamos a competir, a presentaciones en teatros. También pensábamos en los futuros novios, en los besos, en cómo sería una relación sexual . A los miedos y la curiosidad propios de la edad, a mí se me sumaban un montón de interrogantes e inseguridades.

Al tiempo surgió la invitación a un encuentro de jóvenes positivos con la Red de Personas con VIH de Mar del Plata. Nos reuníamos en talleres para hablar por primera vez de sexualidad , de nuestros cuerpos. A esa altura, me daba cuenta de que me había puesto a trabajar de manera activa. A otra amiga y a mí, la Fundación Huésped nos propuso desarrollar una propuesta. Así formamos Arribarte , el primer grupo de teatro destinado a jóvenes y adolescentes infectados o afectados por el virus.

Tardamos un año hasta consolidarlo. Una tallerista de teatro proponía una actividad y sacábamos situaciones reales de nuestras vidas. Escribimos una obra que se llamó Si vos supieras . En otra, corporizábamos el virus como si fuera un personaje. Por ejemplo, yo hacía el papel del amor y peleaba contra la discriminación, que era otro personaje. También trabajamos una adaptación de Prohibido suicidarse en primavera , de Alejandro Casona. Representamos las obras en los congresos nacionales de VIH que hubo en Salta, en San Juan, en Chapadmalal. Viajé a la Conference AIDS 2012 en Washington DC y formo parte de la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos (RAJAP).

Compartir, para mí, es importante .

Me puse de novia recién a los 17, cuando ya me sentía bastante preparada. A él también le gustaba bailar hip hop y participaba en competencias de baile en polideportivos, pero lo conocí en la iglesia. A pesar de que mi familia es católica, mi abuela había empezado a ir a la Iglesia Universal del Reino de Dios. Buscaba desesperadamente una solución a lo que nos pasaba a mi mamá y a mí. Me gustaba acompañarla a la iglesia porque me divertía con los de mi edad. Así conocí a quien sería mi novio (hoy mi ex) y a la semana le conté que tenía VIH. Preferí decírselo antes de que siguiera la relación.

Me moría de miedo y sentía un nudo en la garganta pero me animé. Se puso a lagrimear, me abrazó y me dijo: “Bueno, amor, dónde se compran esos remedios”. Estaba preocupado porque fueran muy caros. No sabía que me los dan gratis. Con él tuve mucha suerte . Fue muy compañero, me iba a sacar los turnos al hospital, insistía en que tomara la medicación.

La vida tiene esas vueltas. Quería ser bailarina de hip hop y me convertí en activista . Y quizás por eso me tentó estudiar la carrera de licenciatura en Trabajo Social, en la Universidad de Lanús, que curso actualmente.

Como cualquiera, tengo altibajos. Los efectos secundarios de la medicación continúan pero sé que tiene mucho que ver lo psicológico a la hora de tomarla: si lo hago después de pelearme con alguien o si estoy bajo mucho estrés, eso condiciona para que me caiga mal. También el estado de ánimo, cuando me da bronca tener que tomarla, me cae peor.

Nací con VIH pero no soy un virus caminando por la vida. Tengo una sexualidad activa, soy la primera en explicar las necesidades del cuidarse a la persona que está conmigo. Si se habla, si se conoce, se pierde el miedo y se puede vivir una buena sexualidad con protección. Planeo tener una relación y proyectar un embarazo para más adelante , a largo plazo. Obvio tengo 21.

Actualmente mis análisis están muy bien, la carga viral indetectable y los CD4 altos. Me tienta independizarme, y vivir sola.

Las fantasías en torno a la muerte quedaron lejos. Si pienso en la muerte, veo un coche que me atropella o fantaseo que tengo un pico de estrés. Ojalá me muera de amor, me digo, porque de esto no me voy a morir. Si lo pienso bien, el VIH también fue algo bueno para mí en muchos aspectos. Es cierto que odio los remedios que me hacen bolsa el estómago y me dan náuseas. Pero viajé y conocí un montón de gente con las que de otra manera no habría entrado en contacto, aprendí a conocer mis derechos. Por ejemplo, sé que no me debo resignar a tener sexo con un chico sólo porque él lo desee, pensando que otro no me va a querer. En mi corazón, siento que lo mío es el arte, el baile y estar arriba de un escenario. Quizá por eso también he decidido ser “visible” y decir tengo VIH, aprendí a convivir con el virus y está todo bien.”

Por Nadia Tévez

Fuente: Diario Clarín

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AZT

La zidovudina, azidotimidina o AZT fue el primer medicamento antirretroviral (ARV), aprobado en 1987 como un medicamento indicado para personas infectadas con el VIH por su efecto retardador de la extensión de la infección por VIH, aunque no representa una cura y no garantiza la disminución de la cantidad de enfermedades relacionadas con la infección por VIH. La zidovudina no evita el contagio del VIH a otras personas. Es comercializado bajo el nombre de Retrovir y Retrovis, y es un ingrediente en el Combivir, Epzicom y Trizivir. Es un análogo de la timidina.

La zidovudina fue el primer medicamento aprobado para el tratamiento del sida y la infección del VIH. Jerome Horwitz de Barbara Ann Karmanos Cancer Institute y de Wayne State University School of Medicine fue el primero en sintetizar AZT in 1964, bajo una subvención del US National Institutes of Health (NIH). La AZT fue originalmente ideada para tratar el cáncer, pero fue archivada después de haber demostrado ser ineficaz en el tratamiento contra el cáncer en ratones siendo altamente tóxico y mortal.

En Febrero de 1985, Samuel Broder, Hiroaki Mitsuya y Robert Yarchoan, tres cientificos del National Cancer Institute (NCI), colaboraron con Janet Rideout y otros varios cientificos en Burroughs Wellcome (GlaxoSmithKline), comenzaron a trabajar en este, como un fármaco contra el sida. Después de mostrar que este fármaco fue un agente efectivo contra VIH in vitro, el equipo se condujo a los ensayos clínicos iniciales que dieron evidencia de que podría incrementar el conteo de CD4 en pacientes con sida.

Un ensayo aleatorio controlado de AZT con placebo fue posteriormente llevado a cabo por Burroughs-Wellcome Co., en el que se demuestra que la AZT podría prolongar la vida de los pacientes con sida. Burroughs Wellcome Co. presentó una patente sobre la AZT en 1985. La Food and Drug Administration (FDA) aprobó el fármaco (a través de la entonces nueva FDA sistema de aprobación acelerado) para su uso contra el VIH, el sida, y Complejo relacionado con el sida (ARC, ahora término médico extinto para la enfermedad pre-SIDA) el 20 de marzo de 1987 y luego como tratamiento preventivo en 1990. En un principio se había administrado en dosis mucho más altas que hoy, por lo general, 400 mg cada cuatro horas (incluso por la noche). Sin embargo, la falta en ese momento de alternativas para tratar el sida afectó la relación riesgo/beneficio, con la cierta toxicidad de la infección por el VIH supere los riesgos de toxicidad del fármaco. Uno de los efectos secundarios es la anemia, una dolencia común en los primeros ensayos.

Modernos regímenes de tratamiento suelen utilizar las dosis más bajas (por ejemplo, 300 mg) dos veces al día. A partir de 1996, el AZT, al igual que otros medicamentos antirretrovirales, es casi siempre utilizado como parte de la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA). Es decir, se combina con otros fármacos con el fin de evitar la mutación del VIH resistente al AZT.

La estructura cristalina del AZT fue publicada por Alan Howie de la Aberdeen University en 1988. En el estado sólido AZT forma una red de enlace de hidrógeno.

Las dosis recomendadas están disponibles para niños mayores de 6 semanas de edad. No existen reglas absolutas acerca de cuándo iniciar la toma de tratamiento antirretroviral. El paciente y su doctor deben tener en cuenta el conteo de células CD4, su carga viral, los síntomas que presenta el paciente y su actitud acerca de la toma de medicamentos.

Si se toma zidovudina con otros ARV, la carga viral puede disminuir a niveles sumamente bajos y su conteo de células CD4 puede aumentar. Esto significa que una persona podrá mantenerse saludable por más tiempo.

Zidovudina fue el primer medicamento ARV que se aprobó y en consecuencia ha sido estudiado más que otros. Los medicamentos más nuevos han sido estudiados en comparación con zidovudina.

El “tratamiento temprano” (desde el principio) con zidovudina ha sido estudiado en personas sin síntomas de enfermedad por VIH. Este estudio no demostró beneficio alguno con la toma de zidovudina. Pero zidovudina se usa como parte de una combinación de tratamientos en personas que han estado expuestas al VIH en su lugar de trabajo (pinchazo con una aguja o contacto con fluidos corporales).

Zidovudina reduce la transmisión del VIH de la madre a su bebé. Se receta zidovudina a las madres VIH positivas a partir del 4º mes de embarazo hasta que el bebé nace y luego al recién nacido por 6 semanas.

La AZT puede causar efectos adversos graves como daños en el hígado, toxicidad en la sangre y desórdenes musculares, además de otros efectos leves como nauseas, dolor de cabeza, cambios en la grasa corporal y decoloración de los dedos de las manos y pies. Otros efectos adversos más severos incluyen anemia, supresión de la médula ósea, los cuales pueden ser superados usando tratamientos con eritropoyetina o la darbeopoetina. Estos efectos indeseados podrían ser causados por la sensibilidad de la γ-ADN polimerasa en la mitocondria de la célula. La AZT ha estado trabajando adicionalmente o sinergisticamente con muchos agentes anti-VIH; sin embargo, el aciclovir y la ribavirina disminuyen los efectos de la AZT. Fármacos que inhiben la gluconidación hepática, tales como indometacina, el ácido acetil salicílico (Aspirina) y la trimetoprima, disminuyen el indice de eliminación e incrementan la toxicidad.

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¿Qué es el sida?

Sida VihEl sida es una enfermedad que afecta a las personas infectadas por el virus VIH (virus de inmunodeficiencia humana o HIV, en inglés). Su nombre “sida” es el acrónimo de “síndrome de inmunodeficiencia adquirida”.

Técnicamente una persona tiene sida cuando su organismo no puede ofrecer una respuesta inmune apropiada a las infecciones.

El virus VIH se contagia de persona a persona a través del contacto de fluidos corporales tales como sangre, semen, secreciones vaginales y leche materna. Este contacto puede estar hecho por transfusiones sanguíneas, agujas infectadas con VIH y/o contacto sexual. También una mujer embarazada e infectada por el virus VIH puede transmitir el virus a su bebé durante el embarazo, en el momento del parto o en el amamantamiento.

El sida se adquiere cuando el virus VIH debilita el sistema inmune de una persona a punto tal de que no puede combatir ciertas infecciones y/o enfermedades.

Pero también una persona puede estar infectada por el virus VIH sin haber desarrollado la enfermedad de sida. Una persona infectada por el VIH es seropositiva y pasa a desarrollar un cuadro de sida cuando su nivel de linfocitos T CD4, células que ataca el virus, desciende por debajo de 200 células por mililitro de sangre. Por ello estar infectado de VIH no es lo mismo que padecer la enfermedad de sida.

En un organismo sano los glóbulos blancos y anticuerpos atacan y destruyen a cualquier organismo extraño que ingresa al cuerpo humano. Esta respuesta está coordinada por un tipo de células llamados linfocitos CD4. El virus del VIH ataca específicamente a las células que expresan el receptor CD4, una de las más importantes son los linfocitos T CD4+. Una vez dentro el virus transforma su material genético de cadena simple (ARN) a uno de cadena doble (ADN) para incorporarlo al material genético propio del huésped (persona infectada) y lo utiliza para replicarse o hacer copias de sí mismo. Cuando las nuevas copias del virus salen de las células a la sangre, buscan a otras células para atacar. Mientras, las células de donde salieron mueren. Este ciclo se repite una y otra vez.  Para defenderse de esta producción de virus, el sistema inmune de una persona produce muchas células CD4 diariamente. Paulatinamente el número de células CD4 disminuye, por lo que la persona sufre de inmunodeficiencia, lo cual significa que la persona no puede defenderse de otros virus, bacterias, hongos y parásitos que causan enfermedades, lo que deja a la persona susceptible de sufrir enfermedades que una persona sana sería capaz de combatir, como la neumonía atípica y la meningitis atípica. Estas enfermedades son principalmente infecciones denominadas “oportunistas”. Dado que el organismo posee mecanismos de control de crecimiento celular dependiente de células CD4, la destrucción progresiva de estas células ocasionará que estos mecanismos no sean adecuadamente regulados, lo que origina en consecuencia la presencia de algunas neoplasias (cáncer) que no ocurrirían en personas «sanas». El VIH, además, es capaz de infectar células cerebrales, causando algunas afecciones neurológicas.

Como en los demás retrovirus, la información genética del virus está en forma de ARN, que contiene las «instrucciones» para la síntesis de proteínas estructurales, las cuales al unirse conformarán al nuevo virus (virión); es decir sus características hereditarias, que le son necesarias para replicarse. Habitualmente, en la naturaleza el ADN o ácido desoxirribonucleico es una fuente de material genético desde la que se producirá una copia simple de ARN, pero en el caso del VIH, éste logra invertir el sentido de la información, produciendo ADN a partir de su simple copia de ARN, operación que se denomina transcripción inversa, característica de los retrovirus. El virus inserta su información genética en el mecanismo de reproducción de la célula (núcleo celular), gracias a la acción de la transcriptasa reversa.

El Día Mundial de la Lucha contra el sida es el 1 de diciembre.

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